Siempre he tenido claro que quería emprender… lo que no sabía era qué cojones montar.
El hecho de flirtear en su día con la idea de ser médico, profesor e incluso futbolista antes de decantarme por el Marketing… supongo que no me aportó claridad con la elección del negocio.
¿Por qué tenemos que escoger tan jóvenes lo que queremos ser de mayores?
El querer ser médico cuando tenía 16 años me llevó a elegir el Bachillerato de Ciencias. Lo gracioso fue cuando a los 17 decidí ser «marketero».
El cambio de rama de Ciencias a Sociales me costó caro. En concreto, supuso arrastrar 2 asignaturas de primero a segundo: Economía e Historia. De puta madre.
Con el tiempo te ríes. En su día fue una putada.
Tirarte 4-5 años estudiando en la Universidad para hacer algo que no sabes si realmente te va a gustar es, cuanto menos, inquietante.
Aunque lo verdaderamente inquietante es darte cuenta, tras 4 años estudiando Administración y Dirección de Empresas, que has pasado tan de puntillas por lo que realmente te gusta, que vas a tener que invertir en un Máster para verlo en profundidad.
1. Oh…My…GOD… Un Máster.
2.“Miles de euros en juego”, piensas.
3. “Pero es tu futuro”, aclaras.
Se te empieza a ir la olla y visualizas a los niños de San Ildefonso sacando bolas, y con esa clásica entonación… los ves sacar bolas y cantar…como si del gordo se tratara:

1.“Máster en Digital Marketing”
2.“Veinti dos miiiiiiiiillllll Eeeeeeeurooossss”
[La sala grita de asombro. Los niños se crecen.]
“Máster en Diiiiigitalllll Marketiiiiiiiinggggggggggggg”
“Veinti dos miiiiiiiiillllll Eeeeeeeuroooooooooosssssssssssss”
A ver, que no tengo nada en contra de los másters. Yo mismo hice dos.
Aunque dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra… En fin…
El caso es que creo firmemente que algo en este sistema instaurado no está bien.
- El plan de estudios en general, no está bien.
- El precio prohibitivo de ese máster que te gusta, no está bien.
- El tener que probar con cursos online de aquí y allá para dar con uno que cumpla con tus expectativas, no está bien.
- El que haya una brecha tan importante entre lo que te enseñan y lo que se necesita, no está bien.
- El tener que hacer prácticas gratuitas para coger experiencia, no está bien.
- El tener que irte al extranjero para empezar de cero, porque en tu país no te dan la opción, no está bien.
- El tener que aprender por tu cuenta cuando empiezas en una empresa, porque nadie tiene tiempo de formarte, y no hay dinero para formación, no está bien.
Es entonces, y sólo entonces, cuando lo ví claro.
- Cuando se juntan unos problemas con tus ganas de querer cambiar las cosas.
- Cuando realmente crees que puedes aportar valor.
- Cuando sientes que puedes ayudar a los demás.
- Y sobre todo, cuando todo eso tiene más valor para tí a nivel personal, que todo aquello que hayas podido conseguir a nivel profesional.
Es entonces, cuando das respuesta al ¿por qué? de lanzarte al vacío. Cuando decides que merece la pena arriesgar, o al menos a intentar cambiar las cosas.
Es entonces cuando unes tu pasión por el Marketing, con el deseo de haber sido profesor.
Y cuando ves que con tu granito de arena, personas que quieres van consiguiendo sus sueños, es entonces cuando te acuestas con una sonrisa en la boca. Y cuando descubres que efectivamente, todas esas noches sin dormir, merecieron la pena.
“Inspirar y ayudar al mundo a conseguir aquello que persigue con una formación accesible y de clase mundial.”
Seguramente habrá mucha gente que nos tache de locos.
Seguramente nos creemos enemigos por el camino. Pero aspiramos realmente a cambiar las cosas.
Esto es una montaña rusa. Hoy lo veo claro. Mañana oscuro. Y así estamos, arriba y abajo.
Lo que acojona es que sólo el tiempo determinará si fuimos capaces de hacerlo. Lo que motiva es el subidón que te genera el haber ayudado ya a gente como tú. Es precisamente esa montaña rusa lo que nos mantiene vivos.

«The people who are crazy enough to think they can change the world are the ones who do».
Quizás no cambiemos el mundo… pero ¡seguro que lo mejoramos al menos un poquito!
Y tú, ¿qué piensas hacer?



